¿Y si la slow tech, o tecnología lenta, es el futuro? Viniendo de una empresa de software, la pregunta puede parecer incongruente e incluso contraproducente para su propio desarrollo. Sin embargo, Berger-Levrault ha adoptado el concepto y ha decidido aplicarlo a sus campos de actividad, al interés de sus clientes y a sus misiones en el servicio público.

Hacia un nuevo modelo económico

“Low-tech, high future”, escribieron los editores de un informe publicado en 2018 en Francia por la Fabrique Ecologique. Sin duda, una orientación que no dejó indiferente a Berger-Levrault.

La empresa se apoderó de ella y la comparó con otras dimensiones: la filosofía de la lentitud por un lado y las aplicaciones digitales en sus negocios por otro. De este modo, ha retenido del movimiento low-tech su visión de la realidad pragmática y simple de las técnicas, combinada con un enfoque único de la innovación. Añadió a esto la noción de lentitud y ralentización como un estado de ánimo positivo y voluntario para tomar decisiones claras de acuerdo con un proceso de transformación profunda.

Después, proyectó estos elementos en el mundo digital e inició una reflexión hacia un nuevo modelo económico, ético y respetuoso con el medio ambiente. Considerando a los ciudadanos, Berger-Levrault está iniciando también un nuevo camino de progreso y evolución, teniendo en cuenta las consecuencias medioambientales y humanas de sus productos.

Una dinámica de innovación ecorresponsable, al servicio del interés general

Los clientes de Berger-Levrault son actores empresariales al servicio de los ciudadanos de hoy y de mañana, preocupados por la gestión del servicio público dentro de un entorno de gasto controlado.

Estas acciones se llevan a cabo sistemáticamente durante un largo período de tiempo. Además, las tecnologías digitales tienen una vida útil muy corta, están sujetas a los efectos de la moda y crean expectativas de nuevos desarrollos a muy corto plazo.

Ante dos mundos a los que todo parece oponerse, Berger-Levrault responde con soluciones sostenibles y duraderas que son fáciles de implementar, gestionar, comprender y mantener. Basado en la filosofía de la slow tech, distingue la evolución útil de la evolución inútil, demasiado cara para el sector público y demasiado penalizadora para el planeta. El reto para los equipos de investigación y desarrollo es, por lo tanto, identificar la innovación real y tener una visión clara del valor añadido de los cambios propuestos.

El objetivo es mejorar el rendimiento de las herramientas digitales de forma ecorresponsable.

Ámbitos de aplicación de la slow tech en la tecnología digital

Un ejemplo de este enfoque podría ser diseñar, programar, desarrollar y desplegar productos más eficientes energéticamente. Se trata de un software de “ecodiseño” que replantea su arquitectura (desactivación de los recursos de memoria, anchos de banda, reducción de los ciclos de CPU…).

Otro campo de aplicación de la slow tech en la tecnología digital es el uso de small data. A diferencia de los conceptos de inteligencia artificial basados en grandes datos que prevalecen hoy en día para entrenar máquinas, Berger-Levrault está interesado en el aprendizaje adaptativo, es decir, un sistema de aprendizaje continuo que se adapta en tiempo real y que es mucho menos intensivo en datos. Por ejemplo, se acaba de desarrollar un motor de análisis de errores de nómina basado en una cantidad relativamente limitada de datos. Su tasa de éxito ya supera el 98 %. Una pequeña cantidad de datos para desarrollar la inteligencia artificial real. Otro ejemplo en el sector del mantenimiento: Berger-Levrault ha desarrollado una inteligencia artificial para cintas transportadoras de equipajes, basada en la retroalimentación de sensores simples y que ofrece un valor añadido real a sus clientes.

Medir la necesidad, dimensionar la respuesta, proyectar la evolución a escala humana, tomarse tiempo para comprender y permitir que la próxima generación progrese. Este es el verdadero desafío del servicio público.